Club Número 1

Después del “fracaso” aparente del diplomado (aclaro que realmente fue muy exitoso en muchos sentidos, solo que no cumplió el objetivo de la formación de muchos Clubes infantiles), llegó el tiempo de buscar una forma nueva de hacer las cosas.

De la experiencia de los años anteriores se volvieron obvias dos cosas:

  1. Las relaciones son clave. Tanto la relación entre niños y sus maestros de Escuela Dominical (o sus líderes-amigos, como luego se llamaron) como entre el equipo de Rana Bacana y las iglesias. En lugar de capacitaciones con cientos de participantes, la estrategia se volvió de tener encuentros con grupos de diez a 20 líderes en los cuales se pueden construir relaciones verdaderas.
  1. Aprendiendo haciendo: Para alcanzar cambios genuinos, los líderes tenían que probar las actividades, reflexionar acerca de sus experiencias y volver a intentar.

Todo esta reflexión se unió en el primer Club Rana Bacana (llamado “Club Leche y Miel”), en Sahagún, Córdoba. Con el apoyo del pastor y su familia (amigos queridos y leales hasta el día de hoy) y del liderazgo de su denominación, el equipo trabajaba durante meses para definir los elementos que se volvieron centrales a todos los Clubes Rana Bacana: El juego, la adoración, la enseñanza bíblica y la oración, todo en el contexto de relaciones cariñosas. En otras palabras: Discipulando a niños.

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Si decides hacerlo, me cuentas, a esta drección fionaARROBAvive.

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